Independientemente de las exhibiciones de Bahamontes en las ediciones de la Vuelta Asturias de aquellos lejanos años 50, la Vuelta Asturias guarda dos etapas legendarias. Sus protagonistas son dos ciclistas que están en lo más alto del palmarés de la carrera asturiana: Ricardo Montero y Faustino Rupérez.
Ricardo Montero, Gemuño (Ávila, 1902) es el ciclista con más victorias de etapa en la Vuelta Asturias, ocho y el segundo en el palmarés de podios con tres, dos victorias y un segundo puesto.
Faustino Rupérez, Piquera de San Esteban (Soria, 1956) encabeza el ranking de podios en la Vuelta Asturias con cuatro: dos victorias, un segundo puesto y otro tercero, además de haber ganado dos etapas. Obviamente estamos considerando únicamente las ediciones profesionales porque como todo el mundo sabe hay un ciclista que tiene cuatro victorias absolutas que es el leonés José López Rodríguez con cuatro, pero en categoría de aficionado.
Ricardo Montero y Faustino Rupérez, aparte de coincidir en victorias absolutas de la Vuelta Asturias, han protagonizado sendas etapas que han quedado para la leyenda de la Vuelta Asturias.
El 23 de Agosto de 1928 tuvo lugar la gesta de Ricardo Montero. Tras ganar al sprint la primera etapa a sus compañeros de fuga: Mariano Cañardo y el madrileño Eduardo Fernández, Montero encabezaba la clasificación general, aunque los tres estaban en el mismo tiempo. La segunda etapa iba a llevar a los ciclistas desde Llanes hasta Oviedo para un total de 227 Km. Era una etapa complicada que se complicó aún más con el fuerte calor reinante. Llanes, Villaviciosa, Gijón, Oviedo, Mieres, La Felguera, Gijón y nuevamente Oviedo, donde estaba la meta. Por el camino las subidas al Pedroso, alto del Cementerio, Padrún, Santo Emiliano, La Gargantada y el alto de Muncó. Ese año la organización había modificado el reglamento del control de aprovisionamiento y ya no era necesario pararse obligatoriamente para comer y reparar las posibles averías; el ciclista podía coger su bolsa de avituallamiento y volver a la ruta para comer sobre la propia bicicleta. Eso fue precisamente lo que desencadenó el ataque que rompió una carrera hasta el momento tranquila.
En el avituallamiento de Gijón el asturiano Ángel Castro cogió su bolsa de comida y salió en estampida mientras la mayor parte del pelotón se bajaban de sus bicicletas en completa calma. Ricardo Montero y su compañero del Dilecta, Mateu, vieron la jugada y partieron tras el asturiano. Faltaban 130 Km para la meta de Oviedo y el pelotón quedó roto en múltiples pequeños grupos. Los más perjudicados por la maniobra fueron Cañardo y Pinzales que quedaron rezagados en un tercer grupo. Ya no se paró hasta meta. En el alto de Pruvia el pequeño grupo de Montero dio caza a Angel Castro; en Oviedo ya solo quedaban en cabeza Montero y Eduardo Fernández. En el alto del Cementerio Montero se marchó en solitario, faltaban 100 Km para la meta y cinco de los seis puertos de la etapa.
Montero entró en la meta de Oviedo con 12 minutos y 30 segundos de ventaja sobre Juan Mateu y Vicente Trueba y 19 minutos sobre Castro y Cañardo. Eduardo Fernández, el último que aguantó la rueda de Montero se hundió hasta el noveno puesto a 31 minutos del vencedor. Montero comentó en meta que la etapa había sido un mata-hombres, pero Cañardo fue más explícito: “Si Nicolas Frantz (ganador del Tour de Francia de 1927 y 1928) corriera la Vuelta Asturias no terminaría esta etapa, abandonaría antes de rendir el gran esfuerzo necesario”.

El 15 de Junio de 1980 tuvo lugar la gesta de Faustino Rupérez. Era la segunda etapa de la Vuelta Asturias, una etapa trampa que iba a llevar a los ciclistas desde Navia hasta Cangas del Narcea. 192 Km, tres puertos puntuables pero un recorrido muy accidentado con constantes subidas y bajadas. Marce Montero en su Web 39×28 Altimetrias analizó al detalle la etapa, dibujó el perfil y sus datos arrojaron un desnivel acumulado de 4100 metros, unos valores que nunca antes se habían alcanzado en una etapa de la Vuelta Asturias.
La etapa tuvo un protagonista inicial, Antonio Palmero del Flavio-Gios dirigido por Gandarias. Él se escapó de salida, coronó en cabeza el alto de Folgueiró y el de Santa María y comenzó en cabeza la ascensión al puerto del Palo con 8:30 sobre el pelotón. Es entonces cuando Javier Mínguez pone a trabajar al Zor-Vereco. Martín Conde y Ángel Arroyo ponen un fuerte ritmo y al tiempo que van reduciendo la ventaja con el escapado la cabeza del pelotón queda reducida a la mínima expresión.
La aventura de Palmero termina durante la ascensión al puerto de Campo del río, no puntuable. Allí ataca primero Belda, después Lasa y finalmente Arroyo. Rupérez, en un estado de forma espectacular tras ganar la Vuelta a España y hacer undécimo en el Giro, se va tras su compañero de equipo, lo rebasa y se marcha en solitario a falta de 65 Km para la meta en busca de una gesta de otros tiempos. La fatiga que había en el pelotón no la pareció acusar Rupérez, quien en la última subida del día, tampoco puntuable, hacia Tineo ya gozaba de una cómoda ventaja de más de seis minutos sobre el pelotón.
Rupérez venció en Cangas del Narcea tras 6 horas y 6 minutos de etapa. Un reducido pelotón encabezado por Inguanzo llegó a ¡¡ 9 minutos y 42 segundos !!, siendo tercero el líder hasta ese día, Juan Fernández.
Julio Puente escribió en la Hoja del Lunes una bella crónica de aquella sorprendente etapa, cuyo recorrido escondía demasiadas trampas para los ciclistas: “La etapa de la Asturias olvidada”.
Fotografia encabezado: Enrique Aguirre, Ricardo Montero y Francisco Cepeda en Luarca, 1927. Foto Constantino Suárez, Museo del Pueblo de Asturias.
Fotografía del texto: Faustino Rupérez vence la etapa del Naranco en la Vuelta Asturias de 1982. Foto Archivo diario Región, BVPB
Bibliografía: La Gran Historia de la Vuelta Asturias, Oscar Cudeiro

