1925. Nace la pequeña Vuelta Asturias

 “En el café Dindurra a las cinco de la madrugada del domingo 22 de Noviembre la animación era grandísima. A corredores, seguidores, organizadores y entusiastas curiosos habíanse añadido un buen puñado de trasnochadores más o menos pacíficos según el soplen que cada uno hubiera ingerido en la báquica noche del sábado”.

Así comenzaba el día 24 de Noviembre de 1925 la crónica sobre la primera edición de la Vuelta Ciclista a Asturias del diario La Prensa. Firmaba tan brillante e irónica introducción un tal Monasterio a quien, al parecer, le sorprendía sobremanera el contraste de personajes que se daban cita en plena madrugada de un domingo en el actual Paseo de Begoña de Gijón.

Con sus diferencias, el ocio nocturno en las ciudades hace cien años ya existía y por tanto no debería de sorprendernos. Lo que si nos debe sorprender es que una carrera ciclista en pleno mes de noviembre se de cita para su comienzo a las cinco de la madrugada, cuando al sol todavía le quedan dos largas horas para hacer su presencia. Los largos recorridos, el mal estado de las carreteras, las pesadas bicicletas y sus averías, así como las paradas intermedias programadas en las etapas hacían que fuese necesario tales madrugones.

Para seguir poniendo en contexto aquella madrugada de noviembre de 1925 decir que, deportivamente hablando, había en Asturias ese día dos grandes acontecimientos que se daban cita de forma simultánea: por un lado, como ya sabemos, la primera edición de la Vuelta Ciclista a Asturias, una carrera de ámbito nacional en un momento en que comenzaban a surgir este tipo de carreras por toda España (todavía faltaban diez años para la primera edición de la Vuelta a España) y por otro lado el duelo regional de futbol entre el Real Sporting de Gijón y el Real Stadium Club Ovetense, a disputarse en Oviedo. Ambos equipos encabezaban la clasificación en el Campeonato Regional de Asturias y su partido era clave para dilucidar al campeón regional, que sería el equipo que representase a Asturias en el Campeonato de España Copa de su Majestad el Rey. La Liga de futbol todavía no había sido creada.

Salida frente al café Dindurra

Como vemos, en esencia, aquella madrugada de 1925 no se diferencia mucho a una madrugada del 2025, deportivamente hablando, claro. Pero solo en esencia porque aquellos ciclistas y aquellos aficionados que se daban cita en el café Dindurra a una hora tan temprana o aquellos aficionados que tomaron un tren hacia Oviedo, cada uno en su correspondiente clase, estaban asistiendo al nacimiento de las competiciones deportivas que conocemos hoy en día.

La primera edición de la Vuelta Ciclista a Asturias no fue la deseada por los organizadores, el Club Ciclista Gijonés dirigido por los hermanos Cuesta, Jesús y Marceliano. Su idea era una Vuelta de varias etapas pero los problemas organizativos y de presupuesto hicieron que se tomara la decisión de reducirla a un único día.

Inicialmente se iba a celebrar el día 8 de noviembre, pero las inclemencias meteorológicas de aquella jornada provocaron a última hora su suspensión. El principal problema de este aplazamiento de 15 días de la carrera lo sufrieron los jueces nacionales y los propios ciclistas que iban a tomar parte en ella. Salvo los asturianos el resto tuvieron que regresar a sus lugares de origen y esa circunstancia en 1925 era un verdadero engorro debido a las dificultades de los desplazamientos, muchos de ellos de varios días de duración, por no hablar del coste que además les iba a acarrear.

Y por fin llegó el día que los organizadores estaban esperando desde que la idea había surgido diecisiete años antes tras el regreso de los hermanos De La Cuesta de la Vuelta a Tarragona de 1908, carrera en la que tomaron parte y de la que tomaron nota para organizarla en Asturias. Aquella noche del 21 al 22 de Noviembre de 1925 el café Dindurra de Gijón no llegó a cerrar. Desde mucho antes de las 5 de la mañana, hora a la que estaba previsto el acto de firma y reconocimiento de bicicletas, ya era muy grande el gentío que allí se daba cita. La gran mayoría de los ciclistas que firmaron en el parte de salida en el Parque Alfonso XII, junto al Café Dindurra, eran aficionados. Posiblemente muchos de ellos nunca antes habían disputado una carrera tan larga y seguramente sus aspiraciones no pasasen más allá de terminar la prueba. 231 km era más del doble de lo que muchos de ellos estaban acostumbrados a correr.

Amaneció en Asturias un precioso pero frio día de otoño. La salida, que estaba prevista para las 5 y media de la madrugada, se demoró veinte minutos, aun así los ciclistas partieron del Parque Alfonso XII (Paseo de Begoña en el Gijón actual) con noche cerrada. El simpático periodista del diario La Prensa, M. Monasterio iniciaba de esta forma su artículo del día: “Esta mañana, muy tempranito, cuando aún no hayan salido las burras de la leche, el cronista se habrá hundido un uno de los vehículos que arrastran varios jamelgos de puro acero dispuesto a tragarse de un tirón los 231 kilómetros de grava, árboles y postes telegráficos que atestiguarán la Pequeña Vuelta a Asturias.”

Veintiséis ciclistas partieron de Gijón para llegar a Pola de Siero por el alto de la Collada. Posteriormente se dirigieron hacia el Este pasando por Nava, Infiesto y Villamayor. Subieron por su vertiente sur el puerto de la Llama y una vez en Colunga regresaron a Gijón por Villaviciosa y el alto del Pedroso. La primera parte de la prueba terminaba en Oviedo. Tras un breve descanso para el avituallamiento los ciclistas salieron en dirección a Trubia, Grado y abordaron el plato fuerte de la jornada, la subida al alto de la Reigada. Su descenso les llevó hasta Avilés y desde aquí regresaron por Tabaza hasta Gijón para terminar frente al Dindurra, lugar de partida.

La carrera se desarrolló a oscuras hasta la hora del amanecer, que coincidió con el paso de los ciclistas por Nava. Los diez vehículos con que contaba la organización y otros de gente pudiente que acompañaban a la carrera se encargaban de alumbrar la marcha de los ciclistas. Realmente su paso fue una fiesta a lo largo de todos los pueblos que estaban en el recorrido. La organización tenía marcados una serie de sitios estratégicos, considerados como los mejores lugares, para presenciar la carrera y en muchos de esos puntos se habían preparado verbenas y romerías para entretenimiento de los espectadores mientras esperaban el paso de los ciclistas.

Castro, Rojo y Barruetabeña en la Reigada. Foto Constantino Suárez. Museo del Pueblo de Asturias.

La victoria fue para el vasco Segundo Barruetabeña que ganó en apretado sprint a los asturianos Víctor Rojo y Ángel Castro. Vicente Trueba, la “Pulga de Torrelavega” terminó en quinta posición. El tiempo del ganador fue de 9 horas 10 minutos y 50 segundos a una media de 25,172 Km/h. Terminaron la carrera trece ciclistas, todos los que llegaron al control de Oviedo. Cuando el jurado se retiró del parque Alfonso XII  la noche había extendido por completo su manto oscuro.

La Pequeña Vuelta a Asturias fue todo un éxito y fue el germen para que en 1926 se organizara la I Vuelta Ciclista a Asturias, una edición que constó ya de tres etapas. Hoy, 22 de Noviembre de 2025 la Vuelta Asturias ya es centenaria y es un honor poder recordar aquella primera edición cien años después. Ojala continúe la historia muchos años más.

Foto cabecera: Barruetabeña en la calle Uría de Oviedo. Foto revista Rueda Libre.

Bibliografía: La Gran Historia de la Vuelta Asturias, Oscar Cudeiro

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