Corría el año 1956, Los organizadores de la Vuelta se las prometían muy felices con un excelente cartel de participantes en la undécima edición de la Vuelta a España. Louison Bobet, máxima estrella del ciclismo mundial, iba a tomar la salida en Bilbao, junto a él su hermano Jean y Roger Walkowiak, un gregario de Bobet que en 1956 ganaría de forma sorprendente el Tour de Francia. Pero también estaban en la salida grandes figuras como Hugo Koblet y Rik Van Steenbergen o grandes ciclistas como Astrua, Dotto, Vito Favero, Defilippis o Angelo Conterno. El cartel de ciclistas españoles también era de postín: Bernardo Ruiz, Bahamontes, Miguel Poblet, Loroño o Salvador Botella.
La tercera etapa entre Oviedo y Valladolid tenía uno de los platos fuertes de la Vuelta, el Puerto de Pajares. Pajares ya se había subido en las ediciones de la Vuelta de 1945 y 1946 y también entre 1953 y 1955 en la Vuelta Asturias. Sin embargo nunca se había afrontado en prueba ciclista tan cerca del invierno. Concretamente en 1956 la fecha escogida había sido el 28 de abril.
Mientras los ciclistas se juegan el final de la segunda etapa en Oviedo los organizadores con su Director Adjunto al frente, Bergareche, están más pendientes de los informes de tráfico sobre el estado del puerto de Pajares. En Asturias lleva lloviendo con intensidad durante dos días y esas lluvias en la Cordillera Cantábrica, a más de 1000 metros de altitud, se convierten en las últimas nieves de un invierno que se resiste a marchar. La noche es intensa en Oviedo y dantesca en Pajares. A media noche, en un momento de tregua, las máquinas quitanieves consiguen abrir el puerto y se informa que si no nieva más la etapa se podrá celebrar. Pero a la 1:45 arrecia de nuevo el temporal y a las 6:00 una capa de 30 centímetros de nieve cubre el puerto de Pajares. La organización decide neutralizar la etapa hasta el pueblo leonés de Busdongo. Los ciclistas partirán en dos autocares encabezando una comitiva a la que seguirán los vehículos de los equipos, organización y prensa. La caravana publicitaria, que generalmente abre la carrera, saldrá una hora más tarde para evitar colapsos en el puerto. Así a las 10:00 de la mañana parte el convoy desde Oviedo.
Los periodistas del Mundo Deportivo escriben: “ Vamos pasando pueblos de la provincia de Asturias y en todos ellos hay un gran gentío para ver a los corredores pero en esta ocasión deben conformarse con verlos pasar en los autocares. Esto, al parecer, les molesta y se vengan abucheando a algunos de los que vamos en los coches. ¡Así también correría yo! decían muchos. Hay un momento de apuro al paso de los autocares por las terroríficas cuestas del final del puerto. Se atasca el primero de los autocares y debemos esperar al vehículo quitanieves y a operarios de obras públicas con palas. Al coronar el puerto nieva aún con fuerza y periodistas de L’Equipe y La Gazzetta dello Sport se enzarzan en una batalla de bolas de nieve, eso sí que es la guerra fría”.
A las 14:25 se daba la salida en Santa Lucía para cubrir 175 de los 255 km previstos en la etapa. Por cierto, en Valladolid ganó Poblet por delante de Van Steenbergen.

Pero el destino a veces se vuelve muy caprichoso. En 1957 se programa un inicio de Vuelta a España similar al del año anterior. La carrera parte de Bilbao y se dirige hacia Asturias para desde allí entrar por el puerto de Pajares hacia la meseta. En esta ocasión es en la cuarta etapa, Mieres-León, cuando los ciclistas deben ascender el coloso asturiano, el 29 de abril de 1957, un día más tarde que el año anterior. Esta edición de la Vuelta , con menos corredores ilustres que el año anterior, es recordada por el triunfo final de Loroño y la dura rivalidad de éste con Bahamontes.
Desde primera hora de la mañana una fuerte tormenta, acompañada de intensas descargas eléctricas hacían temer por el normal desarrollo de la cuarta etapa. La organización, después de lo acontecido el año anterior, decidió dar salida a la etapa, haciendo caso omiso a los informes que daban 15 centímetros de nieve a las doce de la mañana en el alto de Pajares, o pasando por alto que el coche de la agencia Efe tardase dos horas en transitar los 14 kilómetros de ascensión al puerto aquella misma mañana. De esta forma a las doce horas y diez minutos de la mañana el pelotón partió rumbo a la meta de León.
Debido al frio y a las lluvias torrenciales en apenas 45 kilómetros de etapa los ciclistas acumulaban un retraso de 40 minutos y cuando llegaron a Pola de Lena se toparon con una copiosa nevada. Todo hace presagiar una repetición de la dantesca etapa del Giro de Italia de 1956 camino del Bondone. Finalmente un grupo cabecero de nueve ciclistas con Loroño y Geminiani al frente es detenida en Puente los Fierros.
Es aquí cuando os transcribo un extracto del relato realizado por el periodista Paco Ignacio Taibo (PIT) para el periódico El Comercio y que tituló como: Descripción de un espectáculo increíble y al mismo tiempo estremecedor:
“Los ciclistas van subiendo a Pedalazos (entre Campomanes y Puente los Fierros), con la cara metida por el manillar, con la nieve sobre las cejas y el agua chorreandoles por el impemeable. Suben a bandazos camino de Puente los Fierros, pasan de uno a otro lado de la carretera, atravesando tramos en los que algún torrente ha inundado el piso y en los que los coches levantan olas oscuras de agua y hielo. A menudo relampaguea y los truenos retumban entre las montañas. Al llegar a Puente los Fierros ante nosotros de improviso surgen tres o cuatro motoristas que agitan los brazos.
- ¿Qué sucede?
- No se puede seguir. En la cima hay medio metro de nieve. La carrera ha terminado.
Parece como si la noticia fuera capaz de cortar los invisibles hilos que mueven estos títeres humanos y un par de ellos se caen al suelo. Todos tiemblan violentamente. Uno se deja caer ante un coche y hemos de meterlo dentro. Un ciclista francés castañea la boca con tanta violencia que un hombre le hace beber a la fuerza coñac y el líquido se le desparrama por todo el cuerpo. Los vecinos comienzan a recoger a los corredores y los van metiendo en las casas. El caos generado era enorme porque seguían llegando ciclistas de uno en uno, eran los colistas, aquellos que habían quedado sueltos por la carretera. Algunos directores técnicos iban por las casas preguntando si había algún chico de su equipo.
La aventura de Puente los Fierros ha sido algo terrible, sin sentido. Muchos ciclistas regresaron hasta Mieres en ambulancia, mientras la Vuelta a España anula la etapa y se retira también hasta Mieres pulverizada por la superguillotina de Pajares. Otra vez.
Bahamontes es un muchacho convencido de su personalidad, que, por otra parte trata a la gente como si todo el mundo estuviera en su nómina. En una de esas cocinas donde le atendían tuvo unas palabras poco amables para quienes se habían quitado sus gabardinas, chaquetas y jerseys para cederlos a los ciclistas helados. Uno de los que estaban en mangas de camisa por cuidar a los ciclistas respondió a la impertinencia cogiendo a Bahamontes por el maillot y metiéndole el mentón por las narices.
- Si vuelves a decir algo de eso subes el Pajares en bicicleta.
Al chico de Toledo le vino muy bien la advertencia.”
En un primer momento, parece ser, se quiso dar validez a los 63 kilómetros recorridos, estableciendo una clasificación de la etapa en Puente los Fierros. Después se acordó anularlo todo, considerando la etapa como no corrida. Incluso no se contabilizaron los puntos para la clasificación de la montaña en los pasos de Santo Emiliano y Padrún.
La decisión del jurado técnico tenía mucha más trascendencia de lo que cabía suponer, ya que era la primera vez en la historia de las grandes vueltas que se suspendía una etapa después de empezada. El periódico El Mundo Deportivo se hizo eco de un comentario que seguramente pensaban muchos aficionados: “Si hubiera llegado uno solo a León, mejor. Habría desfilado a continuación como un héroe de leyenda por toda España“. Todavía estaba muy reciente lo acontecido en el Giro de Italia de 1956 en la etapa del Bondone, donde la organización optó por ver terminado el reto entre un hombre y una tempestad. También es verdad que en el Giro únicamente quedaban dos días para su conclusión y no era trascendente que el 50% del pelotón (llegaron a meta 43 de los 87 ciclistas que tomaron la salida) se fuera para casa. En cambio la Vuelta se encontraba en su cuarta etapa y era preferible que siguiera con la mayoría de sus actores en pie. Ante esta situación inédita seguramente pesó más en la decisión del jurado la continuidad en carrera del mayor número posible de ciclistas que asistir al reto hombre-tempestad.
La Vuelta a España regresó en 1958 al puerto de Pajares, pero esta vez un 14 de mayo. Federico Martín Bahamontes, que a pesar del rifirrafe de Puente los Fierros es un genio sobre la bicicleta, lo coronó en cabeza.

