Tras su exhibición en el campeonato del mundo el siguiente reto de Pogacar es vencer en el Giro de Lombardia y conseguir su cuarto triunfo consecutivo, algo que únicamente ha logrado Fausto Coppi.
Últimamente nos estamos acostumbrando a ver llegar al corredor esloveno en solitario a la línea de meta. La mayor parte de sus últimas victorias vinieron tras dejar de rueda a todos sus rivales y el Campeonato del Mundo de Zurich del pasado 29 de septiembre se convirtió en su mayor gesta hasta el momento.
Pero en esto de las cabalgadas en solitario el ciclista más representativo de la historia es el italiano Fausto Coppi, el mismo al que Pogacar buscará emular en el Giro de Lombardía del próximo 12 de octubre si consigue su cuarto triunfo consecutivo. Hay una frase que forma parte de la historia del ciclismo: “Un hombre solo al comando; su maillot es blanco y celeste; su nombre, Fausto Coppi”. La frase pertenece al periodista radiofónico Mario Ferretti, que abrió con estas palabras su crónica de la etapa Cuneo-Pinerolo del Giro de 1949, el día en el que Coppi entró para siempre en la leyenda al cruzar la línea de meta con 11 minutos y 52 segundos de adelanto respecto Gino Bartali, tras una escapada en solitario de 192 Km por los puertos de la Maddalena, Vars, Izoard, Montgenevre y Sestriere. Impresionante.
Pero el repertorio de Coppi en esto de las escapadas con triunfo es tan amplio y de tal envergadura que parece obligado recordarlo cada vez que tiene lugar una de sus carreras fetiche, y el Giro de Lombardía es una de ellas.
Corría el año 1947. Coppi (Bianchi) había ganado su segundo Giro de Italia tras una exhibición en el Pordoi, donde aventajó en cuatro minutos a su rival y líder hasta ese día de la carrera, Bartali (Legnano). Los dos volvían a ser los grandes favoritos para alzarse con la victoria en la última carrera de la temporada: el Giro de Lombardía.
Bajo un fuerte aguacero se dio la salida a las 10 de la mañana del día 26 de octubre de 1947. 222 kilómetros con salida y llegada a Milán y con la subida a la Madonna de Ghisallo como principal dificultad montañosa.

Coppi ante la Madonna del Ghisallo. Foto Eduardo Uriarte (Facebook)
La carrera comenzó animada con diferentes ataques de ciclistas que poco inquietaban a los favoritos. En el primer paso por Varese camino de Brinzio el grupo de escapados pasó con un minuto sobre el pelotón, sin embargo hubo reagrupamiento al segundo paso por Varese. A la salida de Erba, en el kilómetro 125, comienzan los movimientos serios con el ataque de Fiorenzo Magni y su compañero en el Viscontea, Olimpio Bizzi. Magni, que venía de ganar los Tres Valles Varesinos, era, por su fuerza, un serio candidato al triunfo y su escapada con un compañero de equipo lo hacía aún más peligroso.
Al paso por Asso la ventaja del duo del Viscontea era de un minuto sobre el pelotón. Coppi no se aguantó más y viendo lo peligrosa que podía resultar la maniobra de Fiorenzo Magni atacó con fuerza en cabeza del pelotón y se fue a por los dos escapados, dejando la compañía de Bartali, su gran rival. Su ataque fue demoledor y en tan solo tres kilómetros, justo bajo la pancarta del Valico de Valbrona, dio caza a Magni, que ya viajaba en solitario.
Coppi y Magni llegan al lago di Como justo cuando cesa la lluvia. Al dejar Bellagio, en las primeras rampas del Passo del Ghisallo, Coppi se marcha en solitario, faltaban 72 km para la meta de Milan. En ese punto el retraso de Bartali era ya de dos minutos.
Faltaba un año para que la famosa capilla, la Madonna del Ghisallo, situada en la cima del paso del mismo nombre, fuera proclamada como Patrona Universal de los ciclistas en 1948 por el Papa Pio XII. Junto al Santuario hay desde el año 2006 un museo de ciclismo inaugurado por el propio Fiorenzo Magni, uno de nuestros protagonistas en esta edición que estamos narrando de 1947.
Por la cima del Ghisallo Coppi aventajaba a Bartali en 2:15, en 2:45 a De Zan (Lygie Pirelli) y ya en 3:15 a Magni.
Tras el descenso del puerto y el tramo de llano hasta la meta situada en el velódromo de Vigorelli en Milan, Coppi no hizo más que aumentar su ventaja, presentándose en la línea de meta con la camiseta tricolor empapada y el rostro ennegrecido por el barro, dejando al público una imagen verdaderamente evocadora e inolvidable. La diferencia con sus rivales fue escandalosa: 5 minutos y 24 segundos sobre Gino Bartali e Italo De Zan y siete minutos sobre Pagliazzi y el francés Thietard.

Coppi tras su victoria en Lombardia en 1947. Foto Gianni (Pinterest)
Esta es la mayor de las gestas de Coppi en sus cinco victorias en el Giro de Lombardia (Il Lombardia como se le denomina ahora). Sin embargo, días antes de aquella gesta, protagonizó otra aún más espectacular. Fue en el Giro dell’Emilia el 4 de octubre de 1947. En aquella ocasión se marchó en solitario a 170 km de meta, cruzó en cabeza los puertos del Abetone y Barigazzo para vencer en meta con una diferencia de 10:35 sobre Bartali, siempre Bartali, y 14:35 sobre Martini.
Aquel ciclismo salvaje, épico, de las grandes gestas no se parece en nada al actual. Pogacar tiene un reto para este año: igualar los cuatro triunfos consecutivos de Coppi en Lombardia, un reto, que, visto lo visto en Zurich la pasada semana, parece que está muy al alcance del corredor esloveno. Otra cosa diferente son las grandes gestas de Coppi. Esas son de un ciclismo de otro tiempo que ahora simplemente debemos admirar desde el recuerdo. Coppi construyó así su leyenda, Pogacar está construyendo aún la suya.

