Vicente López Carril, ciclismo a sangre y fuego

Asturias es una comunidad muy ligada al mundo del ciclismo. Su orografía le ha permitido ser una de las zonas más visitadas de España por la Vuelta a España y sus puertos de montaña están dentro de los más conocidos a nivel mundial. Rara es la etapa de ciclismo que no albergue a multitud de aficionados en los bordes de sus carreteras ya que su afición también es de primera. Y, como no podía ser de otra manera, Asturias ha sido cuna de un gran número de ciclistas, abundantes tanto en cantidad como en calidad.

El Tarangu o Samuel Sánchez quizás sean los más populares pero por encima de todos hubo un ciclista humilde, sacrificado y generoso que englobaba todos los mejores valores que se le pueden pedir a un ciclista. Me estoy refiriendo a Vicente López Carril.

Vicente López Carril nació en Donas (La Coruña) el 2 de diciembre de 1942. A los cuatro años su familia se trasladó a Asturias y se asentó en la localidad de Candás y de ahí su apodo de “El Candasu”. Comenzó a destacar en las categorías inferiores y siendo muy joven se trasladó al Pais Vasco para relanzar su posible carrera ciclista. Corrió con el potente equipo Olsa y de ahí pasó al Kas aficionado.

Fue un pionero para el resto de ciclistas asturianos de su generación a los que siempre apoyó como si fuera un hermano mayor. Fue el primer asturiano en ganar la Vuelta Asturias. Lo hizo en 1966 con el equipo Kas cuando era una prueba para aficionados. Ganó dos etapas, la montaña, la regularidad y la general.  Tras esta victoria fue seleccionado para correr el tour del Porvenir, donde ganó una etapa. También fue el primer ciclista asturiano en debutar en el Giro de Italia y en el Tour de Francia, aunque Senén Mesa ya debió haberlo hecho antes.

Su nombre también aparece durante el fichaje de Balagué por el equipo Bic de Anquetil en el año 1969. Realmente el Bic contactó con Vicente López Carril para incorporarlo a sus filas y pasar a ser gregario de Anquetil. Vicente por aquel entonces acababa de pasar al Kas con ficha de profesional y declinó el ofrecimiento del Bic, sin embargo les comentó que en Asturias había un joven ciclista que era también gran escalador y que quizás les podía interesar: Luis Balagué.

Vicente era un gran hombre de equipo, siempre dispuesto para trabajar y ayudar a sus compañeros. Si hubiese tenido el carácter o el temperamento del Tarangu quizás su palmarés hubiese sido más amplio, porque tenía mucho motor. Era un ciclista imprescindible para las grandes vueltas dentro del equipo Kas. Por otro lado era metódico y muy disciplinado. Lo que peor llevaba cuando compartía habitación con el Tarangu era el humo del tabaco cuando fumaba, se cuidaba mucho.

Durante diez años de carrera corrió solo para los demás, siempre en un honroso, pero oscuro segundo plano. Con todo, aún tuvo tiempo para su lucimiento personal y prueba de ello fueron los 35 triunfos que cosechó a lo largo de su dilatada carrera profesional, entre los que destacan el Campeonato de España de fondo en carretera de 1974 y sus cinco victorias de etapa en las grandes vueltas (tres en Tour y una en Giro y Vuelta). Fue fiel al equipo Kas, donde corrió durante trece temporadas, desde su debut en septiembre de 1966 hasta la desaparición de la formación en 1978. En 1979, su última temporada como profesional, corrió en el equipo Teka.

Barrutia, en una entrevista concedida al periodista Melchor Fernández en Font Romeu durante el Tour de 1973, definió a Vicente como uno de los mejores corredores de equipo que existían en Europa, ya que nunca trabajaba para él, todo lo que hacía era pensando en los compañeros. Quizás por esas virtudes y su veteranía Vicente fuese el elegido por Barrutia en aquel Tour de 1973 para ejercer la jefatura de equipo en el pelotón, es decir, era la persona designada para asumir la responsabilidad de dar órdenes en carrera cuando los directores no podían estar al lado de los ciclistas, algo así como el capitán en un equipo de futbol.

Sus victorias casi siempre estuvieron marcadas por la lucha y el sufrimiento y el día de su victoria en Serre Chevalier en el Tour de Francia de 1974 la prensa francesa rotuló su triunfo con un: Ciclismo a sangre y fuego. Vicente que además de humilde era un hombre de pocas palabras lo definió a los periodistas de la siguiente manera: “En todas las etapas de cualquier carrera hay tres o cuatro momentos en los que es preciso sufrir hasta el límite. El secreto del ciclismo es saber superar esos momentos”.

Fue siempre un corredor ejemplar. Cuando se quedaba sin fuerzas se encogía, apretaba los labios, ponía sus manos en la parte superior del manillar y apelaba a su capacidad de sufrimiento con una expresión en su rostro de que se estaba partiendo por dentro. Pero aguantaba a base de sangre y fuego.

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